EL EVANGELIO DEL ESPÍRITU SANTO

Jack Sequeira
Vichy, 19 al 22 Sep. 2002
Tema nº 10


Quisiera deciros algo a propósito del sábado.

Hemos estado predicando el sábado desde hace ya más de 150 años, sin embargo hemos causado un impacto muy limitado en el mundo cristiano, y nos hemos de preguntar por qué. La Biblia aborda el sábado desde dos puntos de vista diferentes: desde el punto de vista de la ley, y desde el punto de vista de la redención. Desgraciadamente -como iglesia- nos hemos limitado casi exclusivamente al punto de vista de la ley, lo que ha facilitado que se nos acuse de legalismo.

Es importante que prestemos atención al punto de vista de la redención, al hablar del sábado. Recordaremos algunos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento:

Éxodo 31:12 y 13:

Además, el Eterno dijo a Moisés: "Di a los israelitas: Guardad mis sábados, porque el sábado es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que Yo Soy el Eterno que os santifico

Observad que el sábado fue dado como señal de que es Dios quien nos santifica. Versículo 16:

Guardarán, pues, el sábado los israelitas, celebrándolo de generación en generación, por pacto perpetuo

En otras palabras, como pacto eterno -y es lo mismo que el evangelio eterno-. En Deuteronomio 5, Moisés repite los Diez Mandamientos, y al llegar al sábado, ved lo que dice (versículo 15):

Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto, y que el Eterno tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido

Los judíos eran esclavos en Egipto; no se podían librar a ellos mismos. Dios los libró con brazo poderoso.

Por eso el Señor tu Dios te ha mandado que guardes el sábado

Esto tiene que ver con la redención. De hecho, en 1 Corintios 10, Pablo emplea el éxodo como un tipo o símbolo de la redención. El sábado tiene un sentido redentor. Hagamos un resumen de Hebreos 4. En el capítulo 3:12-15, Pablo explica por qué los judíos que fueron librados de Egipto no llegaron nunca a la tierra prometida, sino que murieron en el desierto. ¿Qué pecado cometieron? Os leeré algunos textos. Hebreos 3:12:

Mirad, hermanos,

Está escribiendo a los judíos del Nuevo Testamento

Que en ninguno de vosotros haya un corazón malo e incrédulo que lo aparte del Dios vivo

Y esto es lo que hicieron los judíos del éxodo. Empezando en el versículo 17:

¿Con quiénes estuvo Dios enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?

¿Cuál fue su pecado? Vedlo en los versículos 18 y 19:

¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que desobedecieron? Y no pudieron entrar debido a su incredulidad

Este es el pecado imperdonable –la incredulidad. Basándose en ese hecho, esto es lo que dice Pablo (capítulo 4):

Siendo que la promesa de entrar en su reposo, permanece aún, cuidad que ninguno de vosotros parezca rezagado. Porque también a nosotros, como a ellos, se nos anunció el evangelio

Ellos son los judíos del éxodo y nosotros los creyentes del Nuevo Testamento. Dice:

Pero la Palabra que oyeron no les aprovechó, porque no se unieron por la fe a los que oyeron

Versículo 3:

Porque los que hemos creído entramos en el reposo

Sólo aquellos que creen entran en el reposo, y en el versículo 4, relaciona este reposo con el sábado:

Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: "Dios reposó de todas sus obras en el séptimo día"

Y en el versículo 9 leemos esto, que va dirigido a los “judíos” (creyentes) del Nuevo Testamento:

Por tanto, queda un reposo sabático para el pueblo de Dios

Esta palabra –reposo-, en griego es sabatismos: observancia sabática, o reposo del sábado. ¿No guardaban el sábado los judíos? -Sí, siguen guardando el día, el día del sábado, pero guardar el sábado no salva a nadie: es el Señor del sábado el que salva. Guardar el día, y rechazar al Señor del sábado no salva a nadie. Los judíos guardan el día del sábado a fin de ganar su salvación, pero oíd el versículo 10. Esta es la razón por la que guardamos el sábado:

Porque el que ha entrado en su reposo, también descansa de sus obras, como Dios de las suyas

Nuestro reposo sabático no tiene merito alguno; no es meritorio. Es para recordar que estamos reposando en la obra completa de Dios. Digámoslo de esta forma: En primer lugar, el sábado pertenece a Dios. No pertenece a los judíos; no pertenece a los adventistas: pertenece a Dios. La Biblia lo expresa muy claramente:

El séptimo día es sábado para Jehová tu Dios (Éxodo 20:10)

Dios dijo:

Guardaréis mis sábados (Éxodo 31:13)

En Isaías 58:13 y 14, Dios llama al sábado “mi día santo”:

Si retiras tu pie de pisotear el sábado, de hacer tu voluntad en mi día santo, y si al sábado llamas delicia, santo, glorioso del Eterno, y lo veneras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando palabras vanas, "entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te sustentaré con la herencia de Jacob tu padre"; porque la boca del Eterno lo ha dicho

Y en el Nuevo Testamento, en Mateo, en Marcos, en Lucas, dijo:

El Hijo del Hombre es Señor del sábado (Mateo 12:8, Marcos 2:28, Lucas 6:5)

Hagamos una pregunta: ¿Quién creó este mundo? Según aclara el Nuevo Testamento, Jesucristo. -Sí, muchos textos lo afirman: en Juan 3, en Efesios, en Hechos... Jesús es el creador. ¿Cuánto tiempo le tomó crear este mundo? -Seis días. ¿Qué hizo en el séptimo día? -Descansó. ¿Por qué? No porque estuviera cansado: él no necesita descansar (Isaías 40:28).

Hay dos grandes razones por las que reposó el sábado. Primeramente, porque lo que él había creado...

era bueno en gran manera (Génesis 1:31)

¡Era perfecto!

En segundo lugar, porque su obra era completa, acabada. El cielo y la tierra fueron terminados: no podemos añadirle nada a la creación, no podemos mejorarla; era una cosa completa y perfectamente acabada. El sábado, por lo tanto, señala a Dios, que acabó nuestra creación. Pero observad esto cuidadosamente: ¿Cuál de los seis días creó Dios a la humanidad en Adán? -El sexto. ¿Al principio, o al final del sexto día? -Al final, ya que en ese mismo sexto día también hizo a los cuadrúpedos, a los animales terrestres. Así pues, ¿qué hicieron Adán y Eva el primer día completo de su vida? (observad que para Adán y Eva no era su séptimo día: era el primer día completo, aunque para Dios era el séptimo día): -Reposaron. Adán y Eva comenzaron reposando.

Escuchad con atención: el sábado fue hecho para el hombre. Lo dice Jesús. ¿Por qué? Jesús dedicó seis días a la creación de este mundo, un mundo perfecto, y dio el dominio de este mundo a Adán y a Eva.

Así que cuando Adán reposó en el sábado de Dios, entró en el reposo de Dios. Aceptó lo que Dios le dio, y en los siguientes seis días disfrutó de la creación.

Cuando observamos el sábado desde el punto de vista de Dios, desde el punto de vista de Jesucristo el Creador, primero obra y después reposa, y reposa porque la obra es (1) perfecta y (2) completa.

Cuando observamos el sábado desde el punto de vista del hombre, no empezamos obrando sino que empezamos reposando en la obra de Cristo, y sólo después podemos gozar lo que él ha hecho por nosotros. Pero desgraciadamente hemos arruinado la creación de Dios, y el mundo hoy dista mucho de ser perfecto. Nada hay perfecto hoy en el mundo.

Así que Jesús tuvo que tomar una decisión: ‘¿Destruiré este mundo y empezaré otro nuevo, o lo redimiré?’ Y Jesús eligió redimirlo. Jesús, que nos creó, que creó este mundo que nosotros estamos arruinando, vino a este mundo a redimirnos, y cierto día clamó:

¡Consumado está! (Juan 19:30)

¿Qué se consumó? -Nuestra redención, ¿Qué día fue? -El sexto día; y además fue al final del sexto día. ¿Qué hizo en el sábado? Reposó en la tumba. ¿Por qué? Porque su obra estaba acabada, completa. Y era perfecta.

Jesús restauró así el sábado, y le dio ahora un significado redentor, así que hoy el sábado lo observamos porque reposamos en su redención. Hoy guardamos el sábado bajo el nuevo pacto, y un día Jesús vendrá y creará un cielo nuevo y una nueva tierra. ¿Qué haremos entonces cada sábado? Isaías 66:23:

De mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar ante mí

Iremos a adorarlo, así que el sábado señala (1) a una creación perfecta -que nosotros arruinamos-; (2) señala a una redención perfecta; y (3) señala a una restauración perfecta.

Esta es la razón por la que guardamos el sábado, y cuando proclamáis esto a un cristiano de otra denominación, no lo podrá rebatir. Habrá de admitir que el sábado es muy importante en su relación con el evangelio eterno.

Tengo varias ilustraciones. Daremos sólo una por la brevedad del tiempo.

Cuando Idí Amín Dadá tomó el poder en Uganda, su objetivo fue destruir la iglesia cristiana, ya que él era musulmán. Hizo un anuncio: ‘En cinco años convertiré a Uganda en un país musulmán’. No sabía con quién estaba luchando. Lo primero que hizo fue prohibir 27 denominaciones, incluyendo la Adventista.

Durante ocho años nuestras iglesias fueron cerradas y nuestra gente se reunía y adoraba en las casas. Parece terrible, lo sé, pero ¿sabéis?, durante estos ocho años bautizamos a más personas que durante los ocho años anteriores, así que la persecución es a veces una bendición. Los bautizábamos en bañeras, en ríos, a media noche cuando no nos podían ver. Una vez estábamos llevando a unos estudiantes a bautizarse al lago Victoria, y un soldado de Idí Amín Dadá nos vio, así es que preguntó al pastor: ‘¿Qué está haciendo con estos jóvenes?’ Dios puso maravillosas palabras en la boca de esta pastor. No dijo: ‘Voy a bautizarlos en Cristo’, sino que dijo: ‘Voy a enterrarlos’. Al soldado le pareció muy bien y los dejo ir. “Voy a enterrarlos”. Era verdad, no era ninguna exageración.

Después que fui exiliado, el primer ministro del nuevo gobierno de Uganda fue un adventista. Se levantó la prohibición, y recibí una llamada telefónica de los estudiantes de la universidad del gobierno, que me dijeron: Durante ocho años no hemos podido orar, ni adorar. ¿Puede venir y hacer una semana de oración?.

Les dije: ‘¡Claro que puedo!’

Hicimos la publicidad. Los estudiantes adventistas eran treinta, pero vinieron otros 150 cristianos no adventistas a la reunión de oración, porque también habían sido privados de poder reunirse y adorar. Les prediqué el evangelio. Hacia el final aparté un tiempo para preguntas y respuestas, y se levantó una señorita y me preguntó: ‘¿Es usted pastor adventista?’.

Le respondí: ‘Sí. La publicidad no lo oculta’.

Me dijo: ‘Sí, lo se. De ahí mi pregunta: ‘¿Por qué no ha predicado sobre el sábado?’

Antes de que pudiera responder, añadió: ‘Yo sé por qué’.

Le dije: ‘¿Lo sabe? ¡Diga por qué!’

Me dijo: ‘Porque tiene miedo de predicarnos el sábado a nosotros, que somos estudiantes universitarios’.

Le dije: ‘Joven, tiene razón: temo predicar sobre el sábado, pero no porque sea universitaria sino porque si lo hago, no podrá dormir hasta que no cambie y empiece a guardarlo’.

Y me dijo: ‘Le desafío a que lo intente’.

Y tres estudiantes más que eran pentecostales me dijeron: ‘Sí. Le desafiamos: nos añadimos al desafío’.

Les dije: ‘Bien, pues mañana os predicaré sobre el sábado’.

Y les prediqué, no desde el punto de vista de la ley, sino desde el punto de vista de la redención. Cuando terminé, la joven vino a mí y me dijo: ‘Me arrepiento de haberle desafiado. ¿Sabe quién soy?’.

Le dije: ‘¿Quién es?

Me respondió: ‘Mi padre es el arzobispo de la iglesia anglicana. ¿Cómo puedo cambiar, tras haber comprendido esa verdad?’.

Le dije : ‘Ahora es su problema: ya le avisé, y ya he predicado’.

No tenemos nada que temer, hermanos, en cuanto al sábado. No tenemos absolutamente nada que temer de la defensa de ninguna doctrina, pero la tenemos que predicar a la luz del evangelio. Todas nuestras doctrinas deben ser predicadas en el contexto del evangelio eterno, y entonces nadie podrá acusarnos de ser legalistas.

En segundo lugar, todas nuestras doctrinas deben ser presentadas y defendidas mediante la Palabra de Dios, que es en la que se basan. Nadie podrá entonces acusarnos con verdad de ser una secta.

Es mi oración que guardéis el sábado por la razón correcta, no porque queréis ser salvos obedeciendo la Ley, sino porque estáis descansando, reposando, en la obra perfecta y completa del Salvador, de Jesús.

Oremos:

Padre celestial, te damos gracias de que no nos abandonaste en el terrible pozo del pecado en el que caímos, sino que enviaste a Jesús, quien nos había creado, para redimirnos. Te agradecemos que al redimirnos y al terminar la obra de la redención en el sexto día de la semana, Jesús restauró el reposo del sábado y le diste un significado redentor.

Ayúdanos a predicar este mensaje centrándolo en Cristo, nuestra justicia. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo. Amén.

 


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